Perro de Agua Español


Estándar F.C.I. Nº 336 / 03. 09. 1999 / E

Origen: España

Publicación del estándar original válido: 03.09.1999

Utilización: Perro de pastor, cazador y ayudante de pescadores.

Clasificación F.C.I.: 

Grupo 8 Perros cobradores de caza, Perros levantadores de caza, Perros de agua.

Sección 3 Perros de agua.

Sin prueba de trabajo.

 

Historia: Sobre el origen del Perro de Agua Español podemos encontrar hipótesis de todo tipo, desde la que le hace ser el descendiente directo de un antiquísimo Perro de Agua de la Península Ibérica, hasta la que pretende situar al Barbet (Perro de Agua Francés) a la cabeza del origen de todos los Perros de Agua europeos.

 

La primera hipótesis se remonta a la época en que los Bereberes ó moros del Norte de África arribaron a las costas del Sur peninsular, suponiéndose que fueron ellos los que trajeron a Europa un perro que es conocido en la Historia Cinológica con el nombre de Gran Perro de Agua y que parece ser ascendiente directo del Caniche.

 

Georges Leclerc, Conde de Buffon, naturalista y escritor francés del siglo XVIII, en su obra “Historia Natural” menciona a los Perros de Agua y les dá un origen posiblemente africano, afirmando que el pequeño Barbet, que después daría lugar al Caniche, deriva del cruce de un Espagneul, considerándose la existencia de un Perro de Agua originario de España, que daría lugar al Caniche.

 

Otros autores apuntan un origen al norte de Europa, Asia, etc. Hay quien mantiene el que llegaron con la dominación musulmana de la península y quienes barajan la posibilidad de que se introdujeran a finales del siglo XVIII y principios del XIX procedentes de Turquía (de aquí el nombre de Perro Turco), a través de barcos de esta nacionalidad que se dedicaban al transporte de ovejas merinas españolas a Australia, demostrando este perro una gran utilidad en el manejo del ganado.

 

Estos perros que habitaban la península ibérica, a pesar de la invasión de razas caninas extranjeras en todos los rincones de nuestra geografía, se encontraba siempre con una considerable pureza y manteniendo una población más o menos estable. La causa eran los rebaños de ganado y si los pastores se permitían el mantener unos perros es porque de ellos debían sacar beneficio, de modo que si el pastor andaluz puso su empeño en que ésta raza no se extinguiera era por su capacidad de trabajo. Es, por tanto, el Perro de Agua Español una raza seleccionada por su funcionalidad, por su inteligencia y como punto de apoyo secundario en el distintivo racial más relevante del perro andaluz, su pelaje.

 

Cuando los aficionados al Perro de Agua Español decidieron hacer un estudio sobre la población de “Turcos” y empezaron sus investigaciones y mediciones, pudieron observar que todos los núcleos poblacionales presentaban tres características comunes: una tipicidad común, una calidad del pelo lanoso idéntica en todas las agrupaciones y una capacidad de trabajo sorprendente.

 

El comportamiento del perro de agua es todo un “compendio de virtudes”, pero destacaríamos especialmente su naturaleza alegre. Son perros dispuestos siempre al juego, de naturaleza viva, dotados de una prodigiosa memoria que les permite aprender con facilidad. Pero lo que realmente nos llama la atención es su inteligencia.

 

Es un perro que en el sur, en Andalucía y en zonas de Extremadura, desarrolla labores de pastoreo o carea, con gran eficacia tanto en ganado ovino como en caprino, bovino, porcino y equino. Pocos espectáculos tan bellos como ver a estos perros manejar piaras de quinientas cabras, escuchar el variable tono de sus ladridos para tornar el animal descarriado a su rebaño o introducir éste en el aprisco.

 

En la cornisa cantábrica así como en Andalucía estos perros son también pescadores, acompañando a las tripulaciones en el mar.

 

¿Qué hacían estos perros en el mar? Fundamentalmente ayudaban durante el lanzamiento de redes, acercando flotadores de señalización de las mismas a otras embarcaciones, o cuando algún asidero se escapaba de una boya era rescatado por el perro, incluso con inmersión para su localización y llevada a la superficie. En los barcos, tras el lanzamiento al agua del cabo de amarre, estos lo recogían en la boca y a nado lo llevaban a tierra. Llegan a sumergirse varios metros para recuperar cualquier objeto o pez.

 

Sorprende su dominio en el agua, donde se desplaza con la misma naturalidad que sobre tierra firme, no temiendo al buceo para sacar del fondo cualquier cosa que se le indique.

 

En su utilización como auxiliar de la caza, se presenta como un buen levantador de piezas de pelo (conejo), introduciéndose con decisión entre matorrales en su búsqueda y respondiendo correctamente a la llamada de parada del cazador.

 

También lo encontramos formando parte de algunas rehalas, siendo muy eficaces y demostrando buen olfato. Pero quizás sea su función de cobrador la que más futuro le depare ya que no le faltan alicientes frente a otras razas caninas foráneas. En las marismas y zonas acuáticas del Guadalquivir han sido los perros utilizados en los cobros de piezas acuáticas. No daremos por perdida una pieza que cayera herida al agua y huyera a nado a gran velocidad si tenemos al lado un Perro de Agua Español. Tampoco la perderemos si tras caer herida al agua se ahoga, hundiéndose , dada la capacidad de buceo del turco, que en ocasiones llega a inmersiones de 3 metros de profundidad, localizando la pieza y sacándola a superficie para entregarla en mano al cazador.

 

El 19 Mayo de 1985 es la fecha en la que La Real Sociedad Canina de España presidida por Valentín Álvarez  reconoció oficialmente al Perro de Agua. Y es en este mismo mes de mayo en el que la Fédération Cynologique Internationale (FCI) acepta provisionalmente al Perro de Agua Español con el número de registro 336.

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